Guerra en Libia: conflicto armado y para el control de los recursos naturales

  1. Localización y dimensión del conflicto
  2. Origen y evolución
  3. Actores principales y estrategias
  4. Efectos y problemas derivados

Localización y dimensión del conflicto
Libia es un Estado del continente africano, se encuentra en el norte de África y tiene vistas al mar Mediterráneo. Como la mayoría de los Estados del llamado tercer mundo, antes de convertirse en independiente sufrió varias colonizaciones por las potencias occidentales, hasta que, en 1951, declaró su independencia como Reino Unido de Libia. Está claro que la posición de Libia siempre ha puesto en marcha el espíritu imperialista de los países occidentales, porque ocupa un territorio con vistas al Mediterráneo, muy importante desde el punto de vista estratégico. La importancia geopolítica de Libia no se debe únicamente al hecho de asomarse al Mediterráneo, sino también a ser un Estado del Norte de África, por tanto, un Estado que se encuentra frente a Europa. Cuando utilizamos el término Estado nos referimos a una específica organización territorial-política, que nace alrededor del quinientos, el llamado Estado Moderno. Los principales elementos que caracterizan a esta organización son: la presencia de un pueblo, la delimitación de en el territorio y la presencia de alguien que ostenta la soberanía. Max Weber definió el Estado moderno como aquella comunidad humana, que dentro de un territorio determinado, consigue conquistar y poseer el monopolio de la violencia, por consiguiente, se considera que el Estado es el único que puede recurrir al uso legítimo de la fuerza. Si pensamos en Libia y tratamos de identificar las características que tiene en común con el llamado Estado moderno, nos damos cuenta de que el elemento de soberanía está ausente, pero, sobre todo, que no es el Estado el único que puede recurrir al uso legítimo de la fuerza, teniendo en cuenta la presencia de numerosas milicias. También en el ámbito territorial nos enfrentamos a una fragmentación geográfica, donde la pertenencia subnacional desempeña un papel fundamental. De hecho, la organización social libia se basa en tres elementos: la identidad nacional construida en clave anti-imperialista, la pertenencia regional y la ascendencia tribal. El tribalismo en la sociedad libia desempeña un papel importante, tanto es así que ni siquiera fue eliminado por el gobierno dictatorial de Ghaddafi, que al contrario, tuvo que hacer concesiones con las tribus. Su táctica consistía en la cooptación de las tribus en el régimen o en la marginalización sobre la base de elementos oportunistas, aprovechando, a menudo, en sus rivalidad. Con la caída de Gadafi, el componente tribal se ha fortalecido, hasta el punto de que las tribus desempeñan hoy un papel importante en el conflicto libio por lo que respecta al apoyo a un gobierno en lugar de a otro. A las controversias étnicas y tribales se añade la riqueza energética, en efecto, en el territorio libio hay recursos naturales como el gas y el petróleo. Todo ello sitúa a Libia y el conflicto que la aflige desde hace años, en el centro del orden geopolítico internacional, de hecho, la dimensión de la guerra libia abarca elementos y actores internacionales. Ya hemos hablado de los intereses e intervenciones de las potencias occidentales que en el pasado han colonizado Libia, en realidad, estas intervenciones no sólo han tenido que ver con el pasado, sino que persisten hasta la fecha. La presencia italiana en Libia es oficialmente la de la Misión bilateral de asistencia y apoyo (Miasit). Como explica el sitio web del Ministerio de Defensa, el objetivo de la misión es proporcionar “asistencia y apoyo al Gobierno de Acuerdo Nacional Libio” y nace de la reunificación de dos operaciones diferentes: la Operación Hipocrática y Mar Seguro. Francia está presente con las fuerzas especiales de París que apoyan al general Khalifa Haftar, pero no es un misterio que Francia ha querido la caída de Gaddafi por intereses energéticos relacionados con Libia, representados por Total, una empresa francesa que actúa en el sector energético. Los Estados Unidos están presentes con Africom, el comando americano para las operaciones en África. La dimensión del conflicto libio es una dimensión internacional, ya que no sólo han intervenido potencias occidentales, pero también a las Naciones Unidas. Además, la Unión Africana (UA) y la Liga de Estados Árabes (LSA) también han apoyado las iniciativas de las Naciones Unidas. Pero sobre todo, intervinieron, los mismos países de Oriente Medio, como: Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos que apoyan Haftar y Turquía y Qatar apoyando a Fayez en el Sarraj. Las Naciones Unidas siempre han tenido grandes dificultades para hacer frente a la situación de Libia, también por los intereses opuestos de Francia e Italia. De hecho, Francia ha apoyado al general Haftar, adoptando cada vez más una actitud unilateral consistente en no coordinarse con los socios europeos. Italia percibió las acciones francesas como una demostración de la falta de voluntad de cooperación, mientras que para Italia es muy importante el proceso de estabilización de Libia, tanto en lo que se refiere a la protección de los intereses del petróleo, como la lucha contra el terrorismo yihadista y el tráfico de seres humanos. La evolución regional de Libia es muy importante para determinar el alcance y la escala del conflicto. De 2011 a 2013-2014, en el territorio, se produjo la afirmación de la Hermandad Musulmana y del islamismo “reformista”, que en realidad formaban parte de un movimiento regional más grande que se estaba desarrollando también en otros Estados como Túnez, Egipto y Qatar. Esto ha suscitado una gran preocupación entre los países árabes conservadores, empezando por Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Sin embargo, el ascenso del islamismo reformista y de la Hermandad Musulmana en el norte de África ha tenido poca vida porque han sido expulsados del Gobierno autoritario de Egipto, dirigido por Abdelfatah Al-Sisi, y han sido objeto de una fuerte persecución. El hecho de haber perdido Egipto fue un duro golpe para los Hermanos Musulmanes del Norte de África, que en consecuencia, ha provocado el debilitamiento de los hermanos tunecinos y el debilitamiento de los libios. Tras el estallido de la guerra civil, los conservadores árabes y Egipto han reforzado su intervención en Libia, creando dos facciones opuestas, los no islamistas de Tobruk y del General Heftar, aliados, precisamente, con Egipto y los EAU, a los islamistas, apoyados por Turquía y Qatar. Los intereses de Al-Sisi son, en realidad, de tipo geopolítico, en efecto él mira el control de la Cirenaica como un elemento esencial para su seguridad, ya que Libia limita al este con Egipto, por lo que su objetivo es impedir, además de las históricas soldaduras entre el islamismo cirenaico y el egipcio, el tráfico de armas y combatientes entre Sahel y Sinaí que se desarrolló con el ascenso, en el Sahel, antes del yihadismo y ahora del ISIL. Los Emiratos Árabes, en cambio, apoyan a Haftar, porque querrían una personalidad fuerte que sea capaz de mantener a Libia en la su órbita. Por último, Arabia Saudí ha ultimado el canal religioso como instrumento para entrar en el tejido social libio, gracias a su presencia de milicianos salafistas. De hecho, el intervencionismo de los Estados árabes conservadores, como Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Egipto, se ha convertido en un obstáculo para la resolución de la crisis libia por parte de las Naciones Unidas. Otro aspecto que sitúa la cuestión libia en el centro de los debates internacionales es la inmigración. En efecto, la sociedad civil libia ha identificado como única vía de escape el mar, lo que ha provocado un gran flujo de inmigrantes, que al intentar encontrar una mejor perspectiva para sus vidas, se dirigieron a Europa, pero que no estaba preparada en la resolución de una situación de este tipo.

Origen y evolución
La Libia alcanzó su independencia en 1952, en un principio fue una monarquía dirigida por el rey Idris que, sin embargo, acusada de ser corrupta y demasiado occidental, cayó en 1969 a manos de un golpe de Estado dirigido por el coronel Mu’ammar Gadafi. El socialismo revolucionario de Gaddafi dio paso rápidamente a una verdadera dictadura, que culminó en 2011, cuando los rebeldes mataron a Gadafi en la primavera árabe con la intervención de la ONU. Después de la caída del Gobierno de Gheddafi en 2012 se celebraron los elecciones con la formación de un nuevo Gobierno en Trípoli que inmediatamente generó malestar entre las diferentes facciones representativas, así que Libia se encontró en una situación de gran caos que dio lugar a una segunda guerra civil en 2014 con el nacimiento de dos Gobiernos distintos: por una parte el Gobierno con sede en la ciudad oriental de Tobruch apoyado por la operación dignidad del general Haftar y por otra parte el Gobierno con sede en la capital de Trípoli apoyado por el Nuevo Congreso Nacional General y la coalición de Alba Libia. En el mismo año se agravó la situación en Libia la entrada en guerra de los militantes afiliados al Estado Islámico (ISIS) que toman el control primero de la ciudad de Derna y luego de Sirte. Derna fue el primer bastión de las fuerzas islamistas en Libia cuando en 2015 una formación islamista radical declara su afiliación al llamado Estado Islámico (ISIS) de Abu Bakr al-Baghdadi y el mismo año los Estados Unidos realizaron un ataque aéreo cerca de Derna dirigido contra el emisario iraquí de Al-Baghdadi en Libia que fue asesinado en el ataque. En 2015, las Naciones Unidas intervinieron también para resolver la fractura política del país mediante un acuerdo alcanzado en Skhirat, en Marruecos, que introdujo un acuerdo de paz entre las dos facciones y la formación de un gobierno de unidad nacional con sede en Trípoli dirigido por Fayez al Sarraj. Esta iniciativa no fue aceptada por el general Haftar, por lo que el objetivo de crear un Gobierno a través de un proceso diplomático fracasó y el país siguió encontrándose dividido

con el gobierno de unidad nacional reconocido por la ONU a Trípoli, el Gobierno situado en Tobruk del general Khalifa Haftar, que tenía el control de la parte oriental de Libia, mientras que en el sur, que dictaba la ley, había algunas tribus locales e el Isis. Esta brecha entre el oeste y el este del país se alimenta sobre todo por el hecho de que ambas facciones compiten por la exportación del petróleo. En cuanto al tercer actor en el campo, el Isis en el mismo 2015, fue expulsado de la ciudad de Derna y se vuelve hacia Sirte, que se encuentra así en la mira de las milicias libias que apoyaban al Gobierno de alianza nacional: al oeste de Sirte, el ISIS fue atacado por las milicias de Misurata y al este fue atacado por la Guardia de las Instalaciones Petrolíferas. Las fuerzas de Misurata consiguen entrar al sur de Sirte conquistando el aeropuerto y dando comienzo a un largo asedio que terminó en agosto del 2016 cuando a petición del Gobierno de Acuerdo Nacional, los Estados Unidos a través de ataques aéreos liberaron Sirte. A pesar de los logros de la ofensiva contra ISIS, el Gobierno de Acuerdo Nacional de Sarraj no consigue reforzar su autoridad debido a la crisis económica y a la falta de apoyo por parte del general Haftar que lanzó un ataque repentino contra cuatro puertos del medialuna conteniendo aceite (Sidra, Ras Lanuf, Brega y Zueitina), sustrayendo el control de la guardia de las instalaciones petrolíferas de Jadran. el control de estos puertos lleva a Haftar a celebrar un acuerdo con la National oíl Corporation de Trípoli para reanudar las exportaciones de petróleo dirigidas a Italia. El Guardia de las instalaciones pretroliferas conteniendo aceite se las arregla a reanudar el control de los puertos de Sidra y Ras Lanuf en el golfo de Sirte, a esto el general Haftar respondió con un bombardeo y el Consejo Presidencial del gobierno de alianza nacional envió a su Guardia de las instalaciones petrolíferas con la tarea de proteger las instalaciones y asegurar la continuidad de la producción de petróleo, Pero eso no detuvo los bombardeos del ejército de Haftar, que logró recuperar a Sidra y Ras Lanuf. El control de los recursos naturales da vuelta a la aguja de la balanza en favor de Haftar y a partir de la cumbre de Abu Dhabi del 2 de mayo de 2017 crece el consenso internacional en favor del general en la resolución de la crisis y se debilita el que favorece al Gobierno de Acuerdo Nacional, un consenso que se refuerza también por el hecho de que el ejército de Hatfar reconquista los últimos barrios de Bengasi aún en manos de los islamistas. El 17 de diciembre de 2017, dos años después de los acuerdos de Skhirat, el general concluyó el mandato de Sarraj con la previsión de nuevas elecciones antes de septiembre de 2018, que se deslizarán en 2019. En abril de 2019 el ejército de Haftan ataca Trípoli provocando así el inicio de la tercera guerra civil libia.

Actores principales y estrategias

La guerra civil libia se enfrenta a múltiples fuerzas agrupadas en dos grandes grupos:

las coaliciones de Operación Dignidad y Alba Libia, es decir, dos grupos armados que hacen referencia a gobiernos y parlamentos rivales: el de Tobruch y el de Trípoli. A estas dos coaliciones se añaden los grupos yihadistas, entre ellos el Estado Islámico hostil a ambas. Las dos coaliciones se disputan los recursos económicos del país, tanto los del petróleo de la National oíl Corporation como las reservas del Banco Central Libio que ha permanecido neutral en el conflicto y sigue pagando salarios a ambas partes. El gobierno de Tobruch ve como figura prominente a Khalifa Haftar, un ex general gadafi caído en desgracia en 1987 durante la guerra libio-ciadiana, se convirtió en aliado de los Estados Unidos donde vivió de 1990 a 2011 cuando regresó a Libia para luchar en la primavera árabe. En 2014 Haftar trató de disolver el Congreso Nacional General de Trípoli que se había formado después de las elecciones de 2012 y en esa ocasión al-Thani acusó al general de intentar un golpe de Estado. El ejército de Haftar está compuesto principalmente por soldados del antiguo ejército de Gadafi y federalistas que desean una mayor autonomía para la región oriental de Cirenaica. Trípoli fue conquistada por la coalición de Alba Libia en 2014 compuesta por las brigadas de Misurata, por varias milicias islamistas y grupos de la minoría amazigh y se legitimaba como fuerza heredera de la revolución de 2011 contra el regreso de los hombres del antiguo régimen de Gaddafi que formaban parte del ejército de Haftar. Los grupos yihadistas en Libia son diferentes y los más conocidos son An®ār al-Sharīʿe los grupos afiliados al Estado Islámico que proclamaron la creación en Libia de tres “provincias” del Estado Islámico correspondientes a las tres principales regiones del país: Cirenaica en el este, Trípoli en el oeste, y Fezzan en el sur. El ISIS aprovechó el caos en Libia en la segunda mitad de 2014 para establecer su presencia territorial atraído por su posición estratégica en el norte de África. Sin embargo, su expansión en Libia se considera más difícil que en Siria e Iraq debido a la fragmentación extrema de los centros de poder y a la falta de polarización entre suníes y chiíes. Entre enero y febrero de 2015 los militantes afiliados al ISIS en Libia atrajeron la atención internacional con una serie de acciones como un ataque terrorista a un importante hotel en Trípoli y la publicación de un vídeo que representa la decapitación de 21 egipcios con la consiguiente reacción militar de Egipto que envió ataques aéreos contra el Isis en Derna. El Estado Islámico también ha establecido bases operativas en la región fronteriza del suroeste de Libia desde donde trafica armas. Estos dos gobiernos opuestos son apoyados por una coalición de bandas, milicias locales y estados cuya lealtad es incierta y cambiante porque debe ser reforzada cada día con los ingresos de la venta de gas y petróleo, De hecho, a partir de 2016, cuando los equilibrios económicos, cambian también las alianzas.

Las cosas cambian cuando Haftar pone sus manos en el 50% de la producción de petróleo libio controlando el Sharara el yacimiento más grande de toda Libia con sus 315.000 barriles al día y el yacimiento Elephant con 80.000 barriles al día, comprobando que las dos principales terminales de petróleo en la zona Sirte, mientras que bajo el gobierno de Trípoli quedan los yacimientos extraterritoriales de Bouri, el 50% de Eni, y de al-Jurf que juntas producen poco más que 100.000 barriles al día. Disputado es el gasoducto Greenstream, situado en una zona que une Libia e Italia, cuya terminal es explotada por Eni. Formalmente, esta zona está en manos de Serraj, peró esta a pocos kilómetros de la ofensiva de Haftar. En la Segunda Guerra Civil de Libia, la comunidad internacional y las Naciones Unidas intervinieron con el objetivo último de resolver la fractura entre el este y el oeste del país y restablecer la paz, intento que fracasó y esta fractura con el paso del tiempo se hizo cada vez más densa hasta el estallido de la tercera guerra civil libia en 2019 cuando el general Haftar ataca Tripoli. La estrategia adoptada inicialmente por Hatfar fue desencadenar una especie de “efecto dominó” a medida que las milicias que apoyaban al gobierno de alianza nacional se convirtieran a apoyar al ejército de Hatfar, provocando así el desmoronamiento del sistema defensivo de Tripoli. Esta estrategia se basaba en el hecho de que, desde el punto de vista militar, las tropas de Hatfar eran débiles y, además, porque el general quería preservar una imagen de libertador más que de verdugo, pero este efecto de dominio no se produjo, de hecho, los militantes le dieron la espalda. Los primeros siete meses desde el inicio de la ofensiva, la situación se encuentra en un punto muerto, en el que Trípoli logró enfrentarse al ejército de Haftar. Hoy la situación está en un punto de no retorno,los dos bandos no quieren bajar las armas y está claro que ya no es posible resolver el conflicto de forma diplomática, entre otras cosas porque el conflicto tiene una dimensión internacional con actores externos que intervienen actuando de una o otra parte, impidiendo así que la comunidad internacional alcance una posición común en el conflicto.

Haftar cuenta con el apoyo de: Emiratos de Arabia Saudí, Egipto, Rusia, Estados Unidos, Francia, mientras que el primer ministro del gobierno de Trípoli Serraj cuenta con el apoyo de Qatar, Turquía y Italia. Los Emiratos y Egipto han proporcionado apoyo aéreo al ejército de Hatfar, mientras que el arsenal Haftar dispone de misiles Javelin fabricados por los Estados Unidos y vendidos a Francia. Es importante señalar que algunos Estados que hoy apoyan a Hatfar hasta 2015 apoyaron a Serraj, este cambio de alianzas pone de manifiesto que los Estados no actúan por ningún valor de lealtad o solidaridad, sino guiados por el interés económico y estratégico. El Presidente Donald Trump explica que su apoyo a la política militar y expansiva de Haftar se debe al hecho de que Haftar desempeña un papel importante en la lucha contra el terrorismo y en el mantenimiento de los recursos petrolíferos de Libia . Sobre la base de esta declaración del Presidente de los Estados Unidos de América, es importante destacar que Estados Unidos está perdiendo su hegemonía en el mercado de armamento en favor de China en los últimos años, De hecho, los Wing Loong utilizados por Haftar en sus bombardeos son de fabricación china y suministrados a este último por Egipto, que es uno de los mayores compradores de tecnología militar china. Para los Estados Unidos, Egipto es un elemento clave de su estrategia geopolítica para mantener la hegemonía en el mercado de armamento, ¿Esa es la verdadera razón por la que Donald Trump cambió de bando? En cuanto al apoyo de Egipto, aporta importantes beneficios económicos, desde la cooperación en el ámbito de la energía hasta la posibilidad de encontrar en la economía libia buenas oportunidades de trabajo para los egipcios. Por el contrario, el apoyo emiratino se refiere a los objetivos regionales de Abu Dhabi, incluida la creación de un nuevo orden regional con el objetivo de favorecer el ascenso en Libia de una personalidad capaz de mantener al país en su órbita y en limitar la proliferación de movimientos y partidos políticos internos no conformes. Por lo que se refiere a Rusia, espera que un personaje pragmático como Haftar pueda construir un sólido triángulo de cooperación en el Mediterráneo oriental entre Libia, Egipto y Siria que rompa el dominio ejercido por el eje Tel Aviv-Riyadh-Washington. Francia apoya a Haftar por razones económicas en lo que respecta a los intereses energéticos de la empresa francesa Total en Libia, por razones estratégicas, explicables por la necesidad de detener el flujo de armas y financiación a grupos yihadistas que operan en Níger, Chad y Malí, tres países de Libia en los que Francia está operativa a través de la misión Barkhane destinada a la lucha contra el terrorismo y el yihadismo y porque a Francia le interesa mantener buenas relaciones internacionales con los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Egipto a los que les vende armas. Por lo tanto, se observan los desafíos que empujan a los Estados a apoyar un bando en lugar de otro. En apoyo de Serraj hay: Turquía y Qatar con un sistema de defensa aérea y con los suministros de armas, apoyo obstaculizado por Haftar, que en la ofensiva de 2019 ordenó el boicot de las compañías turcas que operan en Libia y el ataque a buques o aeronaves procedentes de Turquía. La posición de Italia es controvertida, en un primer momento se declaró neutral hasta que el primer ministro italiano se dio cuenta de los intereses italianos en la zona de Tripolitania entonces vuelve sobre sus pasos y acoge a Haftar en Roma para hablar de la situación. El apoyo extranjero se basa sobre todo en la intervención de strikes aéreos que causan daños no sólo a las infraestructuras sino a la misma población civil, de hecho en los primeros siete meses hubo 120.000 desplazados y un millar de muertos. La intervención masiva de potencias extranjeras ha dado lugar a un cambio cualitativo en el conflicto libio, convirtiéndolo en una competición por la hegemonía regional que se origina en Oriente Próximo, enfrentando a Turquía y Qatar con Arabia Saudí, los Emiratos y Egipto hasta llegar al oeste con el conflicto de intereses entre Total Francesa y L’ENI Italiana. Italia ha sido siempre el primer socio comercial de Libia en el comercio de petróleo, una primacía que se ha debilitado debido a una política exterior italiana incapaz de actuar de forma autónoma y dependiente de la influencia de los Estados Unidos, Francia se aprovecha de la situación para tomar el lugar de Italia. Este cambio cualitativo del conflicto nos lleva a reflexionar y a preguntarnos si la tercera guerra civil en Libia es el resultado de una fragmentación política demasiado radical o si Libia es sólo el campo de batalla de una guerra entre Italia y Francia para el control de gas y petróleo.

Efectos y problemas derivados
En el momento en que se genera un conflicto, se crea caos, se encuentra en una situación de total anarquía, se hace muy fácil para el Estado Islámico integrarse cada vez más en un territorio. Esto es lo que ha ocurrido en Iraq, en Siria, pero sobre todo en Libia. El Estado Islámico o ISIS es una organización yihadista salafista cuyos orígenes se remontan muy probablemente a 2004, cuando se formó un grupo en Iraq, Al-Qaeda en Iraq, con el objetivo de luchar contra la ocupación de los Estados Unidos. Una de las consecuencias del conflicto libio es precisamente la toma de poder del califato en este territorio. El Estado Islámico llega a Libia en 2015, logrando controlar una parte importante de territorio, infiltrándose en la capital Trípoli y logrando conquistar parcialmente a Sirte y Derna. Además, es capaz de gestionar una parte del tráfico de inmigración en el Mediterráneo. La estrategia adoptada por el ISIS en Libia, a diferencia de la utilizada en Siria, consistió en aliarse con las fuerzas de al-Qaeda, luchando tanto contra el gobierno de Haftar como contra el de Al Sarraj. La presencia del Estado Islámico en Libia, ha despertado mucha preocupación en Europa debido a la posición muy cercana a Italia, tanto que se temía que el ISIS hubiera decidido instalarse en Libia, precisamente para utilizarla como puerta para entrar en Europa enviando a sus afiliados a aquellos que intentan llegar a Europa a través de barcos que viajan por el Mediterráneo. Es derrotado en diciembre de 2016 por las fuerzas americanas, pero con el empeoramiento de la guerra civil se teme una nueva reorganización. Otra consecuencia del conflicto libio, quizás una de las más conocidas, es la inmigración. Los fenómenos migratorios en la historia siempre han existido, y también esta ruta, empieza a ser frecuentada, con algún esporádico episodio, en los años noventa. De hecho, el fenómeno se intensificó en 2002 debido a la desestabilización del Cuerno de África y a la apertura de corredores a través del Sahara en el sur de Libia. Por este motivo, en 2008, Italia y Libia concluyen un acuerdo, el Tratado de amistad Italo-libio que establecía el compromiso de Italia indemnizar a Libia por el período colonial, con el pago de cinco mil millones de euros al año. A cambio, Gadafi debía hacer frente a las organizaciones delictivas que gestionaban la ruta de inmigración libia. Con la caída de Gaddafi en 2011, en consecuencia, se incumplen las promesas hechas a Italia y en Libia se crea una situación de caos donde el aumento de los flujos migratorios también es el hecho de que las autoridades libias liberan a muchos de los detenidos de los años anteriores. En los últimos años, con el estallido de la guerra libia y el cierre de la ruta balcánica, debido al acuerdo de la Unión Europea con Turquía, el número de traficantes y de personas que recorren la ruta libia arriesgando sus vidas para encontrar una perspectiva de vida mejor, se ha incrementado. La Unión Europea ha creado una misión para luchar contra la inmigración ilegal, la UE EUNAVFOR MED, que consiste en la identificación, captura y destrucción de los buques tras salvar a las personas a bordo. Ninguna de las personas rescatadas puede ser rechazada a lugares donde arriesgan sus vidas, sufren tortura o discriminación. Además, Italia ha establecido la operación Mare Sicuro para proteger las plataformas petroleras ENI frente a Túnez, los pescadores italianos y para combatir el terrorismo marítimo.

El hecho es que el caos generado por la guerra civil, la gran cantidad de personas que vienen de otros lugares del continente africano para llegar a Europa a través de la ruta libia, ha llevado a la construcción de algunos campos de detención. De hecho, uno de los efectos derivados más crudos de este conflicto son las continuas torturas que sufren las personas que están encerradas en estas prisiones. La existencia de estas prisiones se refleja en un informe de las Naciones Unidas, y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas a los derechos humanos, Zeid Raad al Hussein, había denunciado el deterioro de las condiciones de detención de los migrantes en Libia, juzgando inhumana la cooperación de la Unión Europea con este país. Entre el 1 y el 6 de noviembre de 2019, los observadores de derechos humanos visitaron Trípoli para visitar los centros de detención del Departamento libio de lucha contra la inmigración ilegal y reunirse con los inmigrantes detenidos. Testificaron que había unos veinte mil inmigrantes en centros de detención en Libia. En este informe se especifica cómo, las personas que entran en estas prisiones sufren violencias inimaginables, consistentes en torturas y continuas violaciones de los derechos humanos. Además, el 7 de julio de 2019, la Dirección del Distrito Antimafia de Palermo pudo ordenar la detención de tres personas, posteriormente el testimonio de algunos inmigrantes que llegaron a Lampedusa y que contaron de las torturas sufridas. Además, existe un reportaje exclusivo de Cnn , que también demostraría la existencia de la trata de seres humanos en todo comparable a la de los esclavos.

Además de los efectos evidentes del conflicto libio, antes mencionado, en mi opinión, hay otros que son mucho más sutiles, uno de ellos es el neocolonialismo, o sería más justo llamarlo colonialismo, considerando que nunca ha dejado de existir. En efecto, Libia es masacrada por una guerra civil que dura ya desde hace ocho años a causa de las habituales injerencias occidentales. Lo que sucedió en 2011 en Libia me recuerda mucho lo que sucedió en 2003 con la invasión de Iraq por los Estados Unidos. El presidente estadounidense de aquella época, George W. Bush, afirmó que Sadam Husein poseía armas de destrucción masiva y que era aliado de terroristas islámicos, para que las Naciones Unidas no obstruyeran su ataque militar. En realidad, los Estados Unidos no tenían ninguna prueba de lo que afirmaban, y incluso cuando lo admitieron, después del final de la guerra en 2011, nadie pagó, los únicos que pagaron fueron civiles inocentes. Con las debidas diferencias, pero con los mismos métodos, Francia pidió en 2011 el apoyo de las Naciones Unidas para derrocar el régimen dictatorial de Gadafi. En este caso no se invocó el peligro del terrorismo islámico o la exportación de la democracia, sino la responsabilidad de proteger y la injerencia humanitaria. Inmediatamente después, se unió a Francia, Gran Bretaña y juntos solicitaron la opción militar. Es evidente que ambas querían reafirmar su influencia en el Mediterráneo, de modo que si las cosas hubieran ido bien, es decir, si después de la caída de Gadafi, habría un camino de transición hacia la construcción de un Estado democrático, Francia y Gran Bretaña podría haber desempeñado un papel en el sector energético del país. Pero con el estallido de la guerra civil intervino la OTAN, a la que se adhirieron, entre otros, España, Turquía e Italia. En pocas palabras, se presentó el habitual viejo colonialismo.

Bibliografia y sitografia
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Redazione (2018) “Ecco come vengono torturati i migranti in Libia: i referti shock della “pacchia” L’Espresso
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Www.wikipedia.org: “ Seconda guerra civile in Libia”

Trabajo de: Laura Falcone y Giuseppina Cardamone.

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